Vigo tiene sus postales de siempre: Samil al atardecer, el Casco Vello con sus terrazas, la calle Príncipe llena de gente un sábado. Pero cuando ya te has hecho la foto de rigor, aparece la pregunta interesante: ¿qué sitios curiosos que ver en Vigo quedan fuera de las guías? La ciudad esconde rincones raros, cuestas imposibles, tiendas que parecen de otro país y máquinas que funcionan a las cuatro de la mañana. Esta es una ruta pensada para quien ya conoce lo evidente y quiere lo otro.

El Vigo vertical: escaleras, ascensores y cuestas

Lo primero que sorprende a quien viene de fuera es que Vigo se sube. La ciudad está construida sobre una ladera y eso genera situaciones urbanísticas que en otro sitio serían noticia: calles que terminan en escalera, portales cuya planta baja está a la altura de un tercero de la calle paralela, rampas mecánicas públicas que salvan desniveles de vértigo.

Merece la pena dedicarle una tarde a subir desde el puerto hacia el Casco Vello sin coger el camino fácil, dejándote llevar por las callejuelas. Vas a acabar en miradores que no aparecen señalizados, con la ría entera delante y las Cíes al fondo. Es gratis, no hay colas y probablemente estés solo.

El Castro y lo que queda debajo

El monte de O Castro es conocido, pero mucha gente sube, ve las vistas y se va sin fijarse en lo que tiene bajo los pies: restos de un poblado castrexo, una fortaleza del siglo XVII y una historia militar que explica bastante de cómo creció la ciudad. Súbelo a primera hora de la mañana, cuando todavía no hay nadie, y baja luego hacia la zona vieja. El contraste entre la piedra antigua y el Vigo de bloques que se ve desde arriba es la mejor manera de entender esta ciudad en veinte minutos.