Si tu barco atraca en Vigo, tienes suerte: la terminal de cruceros está en pleno centro, a dos pasos del Casco Vello y de la calle Príncipe. Una escala de crucero en Vigo suele durar entre seis y diez horas, y eso da para mucho más de lo que parece. Aquí tienes un plan realista para aprovechar el tiempo sin agobios, con un final poco habitual: unas máquinas japonesas abiertas las 24 horas que se han convertido en parada obligatoria para los curiosos.

Nada más bajar del barco: el Casco Vello

La Estación Marítima deja en el muelle de Trasatlánticos, y desde ahí el Casco Vello empieza literalmente al cruzar la calle. Es la zona más fotogénica de la ciudad: calles de piedra, soportales, la Concatedral de Santa María y la famosa calle de las ostras, la Rúa da Pescadería, donde las ostreiras abren las ostras delante de ti desde media mañana.

Sube por la Praza da Constitución, que es el corazón del barrio, y sigue hasta la Porta do Sol. Allí verás el Sireno, la escultura metálica que se ha convertido en símbolo de la ciudad, y muy cerca el Dinoseto, un seto con forma de dinosaurio que los vigueses adoran. Desde la Porta do Sol arranca la calle Príncipe, la arteria comercial peatonal, perfecta si quieres comprar algo sin alejarte del puerto.

Todo esto se hace tranquilamente en una hora y media, y está a menos de diez minutos andando del barco. Si la escala es corta, con esto ya te llevas lo esencial.